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Hablemos de obesidad
José Rodríguez Figueroa
A principios del 2010 se manejó en los medios de comunicación la nada agradable noticia de que México ostentaba el primer lugar en obesidad en adultos a nivel mundial y en obesidad infantil. Proyecciones de expertos en la materia señalan que para el 2010, en México, tendremos entre ocho y catorce millones de mexicanos en franca obesidad clínica.
Este dato es muy estrujante, si consideramos el número de enfermedades asociadas a la obesidad como: la diabetes mellitus con su cauda de males colaterales como: retinopatía, causa principal de ceguera; nefropatía, daños en los riñones, principal causa de muerte temprana; neuropatía, efectos negativos en el sistema nervioso; probables amputaciones de pies y piernas; mayor propensión a padecer infartos, embolias, mala circulación, presión arterial alta, así como problemas de tipo sexual, como la impotencia en los varones.
Panorama tan desolador debiera ser y de hecho lo es, un gran motivo de preocupación del Estado Mexicano; recientemente se crearon leyes para eliminar la comida chatarra en las escuelas, y su consecuencia, la diabetes; pues se ha detectado que tal comida es causa principal de la obesidad infantil.
Lamentablemente, en este terreno, como en muchos otros aspectos de la vida nacional, se crean leyes maravillosas, pero nadie las respeta; en el caso de la comida chatarra, los grandes intereses creados alrededor de las tienditas escolares, lograron que solamente una mínima parte de los productos prohibidos se omitieran, pero de la mayor parte continúa la oferta.
Los especialistas informan que una de cada siete personas mayores de 50 años padece intolerancia a la glucosa, que consiste en la elevación de las moléculas de azúcares en la sangre luego de comer. En la mayoría de los casos esta intolerancia se desarrolla como resultado de la obesidad.
Antaño, las abuelas solían decir que un bebé gordito era un bebé sano, obligando a los pequeños a ingerir mayor cantidad de comida de la que realmente necesitaban. Hoy en día, la ciencia médica ha dicho exactamente lo contrario.
Como consecuencia de la obesidad, la diabetes puede aparecer de forma súbita, constituyéndose en un invitado indeseable en nuestro proyecto de vida; pero cuando llega, no queda otra opción más que asimilarla para empezar de inmediato su autocontrol, y no hay de otra que aceptarla como una realidad cotidiana y es preciso ajustar nuestra vida a la nueva realidad.
Si consideramos todos estos factores, es impostergable auto disciplinarnos para evitar la obesidad, en prevención de la presencia de la diabetes con todas sus consecuencias negativas.
Cuando haya sospecha de la presencia de la diabetes, los especialistas recomiendan tomar algunas precauciones como las siguientes: Mida y anote sus niveles de glucosa en la sangre con regularidad y trate de mantener sus niveles de glucosa entre 80 y 140mg/dl. Mida su presión arterial con frecuencia y consulte a su médico. Pídale a su médico que le mida los niveles de colesterol y grasas. No fume ni tome café. Revise sus pies diariamente para ver si hay señales de infección o lesión. Someta sus ojos a examen por lo menos una vez al año. Pídale a su médico que valore su función renal. Estas medidas y otras más le ayudarán a mantener los niveles de glucosa lo más cercano a lo normal, y esto retrasa la aparición de complicaciones.
El mantener los primeros lugares del mundo en obesidad infantil como en adultos, no es una definición que deba enorgullecernos. Por el bien de la nación, de nuestra familia y de nosotros mismos, es tiempo ya de que emprendamos las acciones necesarias para combatir la obesidad. Requerimos con urgencia cambiar nuestros hábitos alimenticios. Recordemos que somos lo que comemos y que si no estamos dispuestos al sacrificio que implica dejar de consumir alimentos grasosos a los que estamos acostumbrados, la consecuencia es inevitable, pues la obesidad se hará presente en nuestro cuerpo y muy probablemente, también la diabetes.
Hagamos algo ya por nosotros mismos.
periodicoelsur.com
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